viernes, 6 de marzo de 2020

8 de Marzo. Día Internacional de la MUJER ¿Igualdad?... mejor Libertad


Feminismo. Nunca me ha gustado esa palabra, siempre me ha parecido el equivalente a machismo (¿existe masculinismo?), pero seguramente es por mi aversión a las etiquetas y a que tampoco me gustan los extremos.

Y en cuanto a la igualdad de géneros… la verdad es que me gustan las diferencias naturales que tenemos las mujeres con los hombres. Vestimos de forma diferente, porque somos diferentes. Recuerdo aquella rebelión de feministas  a finales de los 60’, en los que las mujeres se quitaban y quemaban los sostenes por “liberación” ¡Señoritas! los sostenes los usamos por necesidad anatómica, no por represión. Hablamos diferente, lucimos diferente, hasta transpiramos diferente. Por genética no, no somos iguales.

A mí me halaga la caballerosidad y protección que un hombre nos brinda. Respeto a quienes se sienten ofendidas o inútiles ante esas muestras, pero para mí es lo contrario, son de respeto, aprecio, educación y afecto para con nosotras.

Me agrada el gustarle a un hombre y que se gane el derecho a ser correspondido y ¿porque no? también ganarme yo el mismo derecho. Me gusta también la libertad de ganarme un lugar por mis aptitudes y no por mi género. Porque hemos llegado a confundirlo con la desigualdad de aptitudes.

Para mí, la verdadera lucha, debería de llamarse por la LIBERTAD. La libertad de ser seres humanos. Todos deberíamos tener esa libertad de demostrar quienes somos y lo que valemos, no importa si somos hombres, ni mujeres, ni nuestra preferencia sexual, ni si tenemos alguna discapacidad, o por nuestro color de piel. Ni siquiera me gustan las cuotas forzadas de género, preferencias sexuales, razas. En las artes, en los parlamentos, en ningún lado, solo por cumplir cuotas por lo políticamente correcto y no por mérito propio.

Porque la lucha contra la violencia no es de hombres contra mujeres. No va por ahí, se los juro. La verdadera lucha es contra la perversión, los abusos, la maldad, la pederastia, la degeneración, los vicios, contra las enfermedades mentales, sean del género que sean, incluso, y lo sabemos todos, ni el propio machismo es exclusivo de los hombres.

El ser humano, hombres o mujeres se puede llegar convertir en monstruos y a esos es a los que hay que combatir. A los violadores, no por el hecho de ser hombres, sino por convertirse en monstruos al ser violadores. No todos los violadores son hombres, ni todos los hombres son violadores.

Porque tampoco voy a hablar de cifras; que si hay más muertes violentas de hombres que de mujeres, que si cuales presentan más saña, que si los porcentajes, que si las gráficas etc.

Quizás ahí precisamente, esté el error. No podemos tratar a los individuos como masas. Cada uno con sus eficiencias y cada cual con sus deficiencias.

Polarizarnos entre nosotros solo beneficia a los verdaderos culpables. Divide y vencerás. Hombres contra mujeres. Las mujeres ya no nos sentimos seguras, el miedo está ganando la partida. Incluso los hombres han detectado ese miedo contagioso. Ya cualquier mirada directa, aunque sea accidental se toma como acoso. Al menos 4 hombres me han comentado esa percepción en la calle, en el metro, en las oficinas. ¿De verdad todos son acosadores, violadores, abusadores, culpables? ¿Generalizar es lo correcto? ¿Estamos renunciando a pedir cualquier ayuda, o a darla, por el simple hecho de que sea a algún hombre? No lo creo, espero que no.

Así como yo, muchas tenemos la gran fortuna de conocer hombres en el verdadero sentido de la palabra, que saben respetar esas diferencias no abusando de ellas. Y sí, también merecen un día y todos los días para honrarlos. Eso es igualdad ¿qué no?

¿Alguna vez nos hemos preguntado porque existimos hombres y mujeres, machos y hembras, masculino y femenino, si fuera para ser todos iguales?... ¿Cuál sería el propósito de crear dos géneros? ¿No será por eso, que solo la fusión de los géneros nos permite reproducirnos y preservar las especies?... Porque juntos nos complementamos.

Y si no quedo claro, no soy feminista, soy mujer. Sigamos siendo mujeres, está bien serlo. No tiene por qué ser un peligro. Ni tampoco una batalla diaria en contra de los hombres. Seamos libres para serlo.

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